Sinopsis de El absoluto musical
A las diez de la mañana de un día de invierno de comienzos de la década de 1950, un chico de ocho años hace la fila en la boletería del Teatro Colón de Buenos Aires. Su familia le confió una misión: conseguir entradas para uno de los últimos recitales porteños de Arthur Rubinstein. Daniel Barenboim, el niño en cuestión, diría más tarde que ese fue el día en que se volvió adulto.
De aquella Buenos Aires cosmopolita —en la que Wilhelm Furtwängler dirigía la Pasión según San Mateo y sobre el esce-nario cantaban juntos judíos y simpatizantes del nazismo— sale al mundo el chico que emigra a Israel en 1952, que a los once años le arranca al propio Furtwängler un veredicto célebre (“es un fenómeno”) y que conquista Londres junto a Jacqueline du Pré. Pianista solista, acompañante de cantantes, director desde el podio y desde el teclado, pedagogo: el músico que llega a las grandes orquestas de París, Chicago, Milán y Berlín es siempre varios a la vez.
En estos 32 episodios —tantos como las sonatas de Beethoven que grabó cinco veces—, Rodolfo Biscia sigue esa vida sin domesticarla. Del niño prodigio al maestro declarado persona non grata por el parlamento israelí; del fundador con Edward Said de una orquesta imposible al que algunos llamaron “exargentino” y que sin embargo regresó a su país de nacimiento siempre que pudo. Este es el retrato de un artista que jamás se psicoanalizó, en tanto la música, investida del halo de lo absoluto, le organizó la vida entera.

